En el corazón del río Magdalena, Magangué respira con los latidos de sus humedales. O al menos, así debería ser. La Ciénaga de la Rinconada, la Ciénaga Grande de Magangué y la Ciénaga del Playón han sido históricamente guardianas del equilibrio ecológico, motores de sustento económico y refugios de biodiversidad. Sin embargo, hoy son testigos silenciosos de una degradación que amenaza no solo su existencia, sino también la calidad de vida de quienes dependen de ellas.

La realidad de Magangué no es aislada. Es un espejo de lo que sucede cuando el desarrollo ignora la sostenibilidad, cuando la urbanización atropella la naturaleza y cuando las decisiones se aplazan hasta que los problemas se vuelven crisis. Y aquí estamos: con humedales contaminados, familias vulnerables a inundaciones y un futuro que parece tan turbio como las aguas que deberían ser cristalinas.

Un diagnóstico alarmante

La Ciénaga Grande de Magangué, una de las más emblemáticas, ha perdido cerca del 30% de su capacidad hídrica en las últimas dos décadas. La sedimentación descontrolada, provocada por la deforestación y el manejo inadecuado de los afluentes, se ha combinado con la contaminación por desechos sólidos y aguas residuales.

Estas no son cifras abstractas. Son realidades que afectan directamente a más de 125,000 Magangueleños. Según reportes recientes, el 40% de los cuerpos de agua urbanos están gravemente afectados, lo que reduce la pesca, incrementa enfermedades relacionadas con el agua contaminada y deja a la población más vulnerable ante el cambio climático.

De la resignación a la acción

Es fácil caer en el pesimismo frente a esta situación. Pero Magangué no necesita más diagnósticos; necesita acciones concretas y sostenibles. Aquí, las soluciones deben ser tan ambiciosas como la magnitud del problema, con propuestas que abarquen el corto, mediano y largo plazo.

En el corto plazo, lo urgente manda.

El Municipio debe priorizar jornadas de limpieza en las ciénagas y campañas masivas de educación ambiental. Las escuelas, los barrios y las organizaciones comunitarias deben ser protagonistas en un esfuerzo por reducir el impacto inmediato de los desechos sólidos. Adicionalmente, la vigilancia y sanción por vertimientos ilegales deben ser estrictas y ejemplares.

El mediano plazo requiere estructura.

Es imperativo construir una planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) que reduzca la contaminación de las ciénagas, este es un tema sobre el cual hemos trabajado mucho como funcionario y en compañía del gobierno municipal anterior concebimos un proyecto que hoy tengo entendido se revisa y que esperamos pronto adquiera fuentes de financiación,  Paralelamente, un programa de reforestación con especies nativas debe restituir los corredores biológicos y frenar la erosión de los márgenes ribereños. También es hora de implementar un sistema de alertas tempranas para mitigar el riesgo de desbordamientos en temporadas de lluvia.

El largo plazo debe cimentar el cambio.

La creación de una oficina de Gestión Ambiental (OGAM) podría ser el catalizador de una nueva era en Magangué. Este organismo, dedicado exclusivamente a la recuperación y protección de los humedales, podría articular esfuerzos locales y nacionales, asegurando continuidad y recursos. Además, integrar el ecoturismo como una estrategia económica y educativa puede ayudar a generar conciencia y recursos mientras se protege lo que queda. Este ultimo escenario enfrenta como máximo desafío el debate y obtención de recursos en el marco de un municipio con debilidades financieras por la aplicabilidad de la ley de saneamiento fiscal en la que se encuentra incursa.

La vida en el centro del desarrollo

Los humedales no son un lujo ni un adorno paisajístico; son una cuestión de vida o muerte para Magangué. Son los pulmones que purifican el agua, los reguladores que mitigan el impacto de las lluvias y las despensas de muchas familias que dependen de la pesca. Cuidarlos no es solo un acto de responsabilidad ambiental; es una apuesta por el bienestar y la dignidad de sus habitantes.

La idea de proteger los humedales no es nueva, debemos recordar que Magangué ha tenido pioneros como el profesor y docente Efrén Lorduy Lorduy que alternaba sus cátedras de química, ciencias naturales, biología y ecología con la práctica y formación de jóvenes por el cuidado de las ciénagas y humedales de nuestro  municipio, su  “Club vigías de ciénagas” el cual desde los años 90tas se constituyó en una alternativa de promoción ambiental y fue una de las primeras personas en hablar en el municipio y la región de ecoturismo y turismo sostenible.

Una invitación a las administraciones, gremios y comunidad.

El Gran Malecón del Río, con una inversión de 57 mil millones de pesos, es una señal alentadora de lo que se puede lograr cuando hay voluntad política, la voluntad de un gobernador por una región con la que se encuentra profundamente comprometido.

Debemos también hacer un frente común para con los humedales, para evitar que sigan languideciendo. Rodear a la administración municipal y desde una perspectiva más ambiciosa, más audaz y sobre todo, más comprometida con el bienestar integral de su gente y su entorno vinculemos esfuerzos del departamento y sobre todo la nación quien es la que en realidad puede hacer las inversiones que la problemáticas descrita requiere.

En Magangué, la práctica de rellenar humedales para habilitar tierras de pastoreo es una realidad que está pasando factura al equilibrio ambiental y a la seguridad de sus habitantes. Estos ecosistemas, fundamentales para la regulación hídrica, están perdiendo su capacidad natural de almacenar agua de lluvia durante las temporadas invernales, lo que agrava las inundaciones en sectores urbanos. Aunque no se dispone de cifras específicas recientes para Magangué, se sabe que, en Colombia, más del 60% de los humedales han desaparecido en los últimos 150 años debido a actividades como la expansión agrícola y ganadera.

Este dato, citado en estudios ambientales nacionales, evidencia cómo estas prácticas, aunque comunes, tienen consecuencias devastadoras en el manejo del agua y en la protección frente a eventos climáticos extremos. En Magangué, la transformación de los humedales no solo compromete la biodiversidad, sino que también expone a las comunidades urbanas a un riesgo creciente, destacando la urgente necesidad de repensar estas acciones y priorizar la conservación de estos espacios vitales.

Es hora de un gran acuerdo entre las autoridades, la comunidad y las entidades privadas. Un pacto que reconozca que el futuro de Magangué está intrínsecamente ligado al destino de sus Ciénagas y humedales. Porque cuando cuidamos la naturaleza, nos cuidamos a nosotros mismos.

Magangué, aún tienes tiempo para reescribir tu historia. Pero ese tiempo es ahora.

Por: Arnaldo Barreto Lesama.

Por: Arnaldo Barreto Lesama.

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