Opinión de la casa por: Juan Cesar Díaz Buelvas.

Magangué está cambiando como nunca antes. Mientras algunos critican con dureza, las obras del gobernador Yamil Arana —malecón, recuperación del centro, acueductos y alcantarillados rurales y muchas más— ya son una realidad que rompe con décadas de promesas incumplidas.
Me voy a referir a un tema local que me preocupa y a la vez me mueve profundamente. Aunque entiendo algunas posturas de paisanos que ven con recelo la gestión del gobernador Yamil Arana Padauí, no puedo dejar pasar lo que está ocurriendo en Magangué.
Hice un ejercicio simple: revisar la historia reciente de nuestra ciudad. Y la conclusión es clara: jamás hemos tenido un gobernador —ni mucho menos un alcalde— que haya invertido tanto, con obras de transformación reales y tangibles, como lo está haciendo hoy Yamil Arana.
Lo digo con la convicción que me da observar y caminar la ciudad: no existe precedente de un gobernante que le haya entregado tantas obras a Magangué como este hijo de nuestra tierra.
Sin embargo, confieso que me inquietó una publicación que hicimos recientemente en nuestro medio sobre el malecón y las inundaciones. El pasado 26 de septiembre recibimos más de veinte comentarios, la mayoría críticos, que ponen en duda lo que está pasando.
Lo entiendo. Es difícil creer cuando venimos de una larga cadena de decepciones: gobiernos que nos dejaron obras a medias, engaños, chambonadas y mentiras. Recuerdo claramente cuando se presentó la obra bandera de Arana: el Malecón del Río. Primero escuché que “eso nunca se haría”; luego, que “solo era un terraplén”; después, que quedaría inconclusa como tantas otras. Y ahora, cuando esta obra avanza y ya es una realidad que podemos recorrer con nuestros propios pasos, todavía hay quienes dicen que “no existe” porque no encuentran el contrato que así lo nombre.
Por favor, seamos justos: pasarán muchos años antes de que volvamos a tener un gobernante que le traiga a Magangué proyectos de esta magnitud.
Por eso mi invitación es clara: a quienes critican, les pido una pausa. Esperemos el final de estas obras antes de descalificarlas. Y a esa constelación de magangueleños brillantes y exitosos que hoy están regados por Colombia y el mundo, los convoco: este es el momento de rodear a su tierra. Es la hora de defender a Magangué y reconocer lo que está cambiando.
El gobernador Yamil Arana como yo y como ustedes ama a Magangué: lo está demostrando con hechos.
A los magangueleños que están por fuera: llegó la hora de conectarse, de sumarse, de aportar. Hablen bien de su tierra en las redes, asuman un papel protagónico y conviértanse en voceros de la Magangué que se transforma. Porque amar a Magangué no es solo recordarla desde lejos, sino contribuir con su presente y su futuro.
En conclusión, Magangué vive una hora distinta: la de las obras que transforman. La ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad de mirar con otros ojos lo que ocurre, dejar atrás la desconfianza heredada y comenzar a construir un relato nuevo sobre su presente y su futuro.
Hoy, con toda la fuerza de la convicción, lo digo: a Magangué le llegó la hora que tanto esperábamos.
VIDEO DE LA COLUMNA DE OPINIÓN:
