
El sur de Bolívar vive uno de los capítulos más crudos de la violencia en Colombia. Más de 2.800 hombres armados —entre ELN, disidencias de las FARC-EP y Clan del Golfo— se disputan a sangre y fuego el control del territorio y de sus recursos.
El Ejército de Liberación Nacional lanzó su ofensiva más agresiva: el ‘Plan Gonzalo’, una operación para expulsar al Clan del Golfo y adueñarse del millonario negocio del oro. La estrategia incluye drones kamikaze, secuestro de líderes comunales y entrenamiento con mercenarios extranjeros provenientes de Venezuela, Ecuador y Siria.
En la mira está alias Gonzalito, uno de los criminales más buscados del país, por quien el Estado ofrece $3.284 millones de recompensa. Las comunidades de Santa Rosa del Sur, Montecristo y la Serranía de San Lucas soportan el miedo constante de quedar atrapadas en el fuego cruzado.
De acuerdo con inteligencia militar, el ELN impone un “tributo de guerra” del 10% sobre la producción ilegal de oro, un negocio que genera hasta $1.6 billones al año. Este corredor minero, clave para el narcotráfico entre el Catatumbo y el Darién, se ha convertido en un infierno para la población civil, abandonada y sin garantías de seguridad.
