
El gobierno de Estados Unidos amaneció este miércoles oficialmente cerrado, tras fracasar los intentos de republicanos y demócratas por alcanzar un acuerdo en torno al paquete de gastos de la administración Trump.
Se trata del primer cierre federal en casi siete años, una situación que amenaza con interrumpir de manera parcial el funcionamiento de las agencias públicas y dejar en suspenso a miles de empleados, aunque los servicios considerados esenciales se mantendrán activos.
Más allá de tratarse de un pulso presupuestario, la disputa refleja la estrategia de Donald Trump de reducir la estructura estatal. Durante sus primeros nueve meses de gobierno ha insistido en recortar programas sociales y adelgazar la nómina federal, algo que, según sus propias palabras, aprovechará ahora como un arma política contra la oposición demócrata.
“Podemos hacer cosas durante el cierre que sean irreversibles, malas e irreversibles para ellos”, advirtió el mandatario, sugiriendo que utilizaría la parálisis como una oportunidad para debilitar programas defendidos por sus rivales. Incluso, responsabilizó a los demócratas de propiciar la crisis al “querer que entren más personas ilegalmente” en el país.
Por su parte, un memorando firmado por Russ Vought, director de presupuesto de la Casa Blanca, detalla que la administración contempla este escenario como una vía para concretar recortes permanentes en el gasto y en las plantillas federales, lo que podría transformar la forma en que opera el gobierno en los próximos años.
